Archivo de 'Héroes'
Un hombre que disparaba de lejos
Publicado el 25. sep, 2009 by aflores.
Nacho Ambriz sorprendió aquellas veces que disparó de lejos para batir las redes enemigas. Nadie esperaba esas jugadas y desde entonces, el tiro con potencia fue su arma de gran alcance.
El futbolista con peinado a la Brush hizo vibrar a México con sus goles. Ambriz hizo las cosas como quiso y siempre será recordado por lo que dejó en la cancha. Fue campeón del futbol mexicano con el Necaxa, fue mundialista, fue parte de una generación que jugó de tú a tú con el resto del mundo.
Ignacio Ambriz, originario del Culhucacán, Iztapalapa, juagaba a las casi extintas coladeritas. Aprendió el futbol en las calles.Uno de sus tíos lo enroló en un equipo infantil organizado. El Culhuacán tenía entre sus filas al joven Ambriz aunque no lo cautivó. A él le gustaba el voleibol pero no tuvo las cualidades para soñar con algo grande. Así que volvió al equipo, a los llanos y de ahí al torneo de los Barrios con el equipo Tula.
El Torneo de los Barrios fue en su momento un semillero de talentos. Los llanos tenían jugadores de calidad que fueron visoreados con atención. Nacho llegó, entonces, al Atlético Español.
Llegar a la reserva del Atlético Español fue pagar piso en el gran circuito. El equipo tenía escasos recursos. Entrenaban en un campo de beisbol de un deportivo en el oriente del Distrito Federal, el Leandro Valle, y cuando llovía el lodo era un suplicio.
Eso lo hizo valorarse a sí mismo y se consagró al futbol. Los Toros desaparecieron y volvió el Necaxa. Con los electricistas, Nacho cobró su primer sueldo. Mil doscientos pesos que se le iban en los pasajes a la hora de ir a recoger su cheque.
Empezó a vivir de su talento y aprendió a cuidarse, a ser disciplinado, sólo así pudo debutar. Vivió malos ratos, peleó para no descender y al mismo tiempo lo seleccionaban para la juvenil que jugaría el Mundial de menores. Ahí las tentaciones le pusieron una trampa y cayó. Rompió sus votos y acabó en el León, de la segunda división, implorando perdón. Tardó tres años en volver.
Así llegaron los buenos momentos. El Necaxa de Lapuente. Los títulos, la selección nacional. 1994 fue el año que lo inmortalizó con el rango de mundialista. Y sus disparos de larga distancia se extrañan y se necesitan más que nunca.
Hoy es director técnico, estuvo aprendiendo con Javier Aguirre. No ha aceptado ningún reto porque así lo ha decidido pero no falta mucho para verlo en acción. Es uno de los grandes estrategas que está esperando su momento para llegar, sin que nadie lo espere, y dispare con coraje, con entrega y con toda la intención de volver a estar en la jugada, ahora, desde el banquillo.
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Cinco Copas
Publicado el 14. sep, 2009 by aflores.
Recargado en el tronco del árbol que le daba sombra, Antonio “La Tota” Carbajal, una de las leyendas del futbol mexicano, recordó sus Cinco Copas, luego de entrenar a sus muchachos de la tercera división del Unión de Curtidores, en el campo Flexi, de la ciudad de León, Guanajuato.
Antonio Carbajal – “La Tota”, bonito apodo…
La selección – Pero ¿le gusta también el otro, no?
AC- Claro, me gusta también “El cinco copas”, porque hace honor a lo que representé a México. Jugar cinco mundiales es mucho, es una preparación constante. Una superación, igualmente dura. Y deseos de ser alguien, muchos deseos.
LS- ¿Cuándo representó a México por primera vez en una competencia internacional?
AC- Me tocó representar a México en la Olimpiada de Londres. De cierto modo fue muy triste, porque esto fue en 1948; jugamos contra Corea y perdimos cinco a tres.
LS- Platíqueme sobre su primera copa.
AC- Cuando terminó mi carrera con el España, en 1950, me seleccionaron para ir al mundial de Brasil. Yo no era el portero titular, el portero titular era un extraordinario arquero, Raúl Córdoba. Pero me tocó en suerte que vinieron aquellos partidos que había hace tiempo, eran extraordinarios, venían los mejores equipos de futbol del mundo. Y eran Pentagonales y Hexagonales, en su época famosísimos, ahora eso ya desapareció. Y jugando contra esos equipos a él (a Córdoba) le fue mal y a mi me fue bien.
Y llegamos a Brasil y me dice el entrenador nacional, Octavio Vial: tu vas a tapar. Claro, que me dio un gusto tremendo.
A mí siempre me gustó enfrentarme a los gallones. Con los equipos chicos, los modestos, como que no me daban ganas de jugar; pero con los gallones me crecía, me encantaba. ¡Quienes son estos! Siempre me metían goles, verdad, jajajajajaja. Pero, bueno, me gustaba y así fue como inauguramos el Maracaná. Doscientos mil espectadores, gritando ¡Brasil, Brasil!, con la algarabía que hacen gala ellos. “Brasil, brasil”, y yo por mi fuero interno gritando ¡México y México”, hasta que Ademir me metió el primer gol y después vinieron tres goles más, quedamos cuatro cero.
Vienen los siguientes partidos contra Yugoslavia y Suiza, y para variar perdimos.
Me sirvió el que me hayan metido goles porque dije: si me meten tanto gol, quiere decir que no estoy a la altura, y trabajé mucho para corregirme, a mi siempre me gustó trabajar mucho, exageradamente, sabía que era por mi bien. Desde luego que agradecido con los porteros de mi época porque ellos querían ser y yo también quería ser.
LS- ¿Qué pasó al regreso de ese Mundial?
AC- Viene el campeonato nacional ya de aquí, y con el León salimos campeones. Se presentan las eliminatorias previas a cada campeonato del mundo y nuevamente fui seleccionado. Y así, sucesivamente, seguí jugando con el León. Me salieron oportunidades, incluso cuando el señor Antonio López Herranz, que en paz descanse, me invitaba para ir a jugar al Real Madrid y no quise. He sido bueno o quizás tonto porque dije, si México me ha dado la oportunidad de defenderlo, de ir a un Mundial, de ir a una Olimpiada, pues le voy a dar mi futbol a México y me quede, no fui.
LS – Y vaya que le dio su futbol a México, lo defendió en cuatro copas del mundo más.
AC – Vino el Campeonato de Suiza, luego Suecia, luego Chile y luego Inglaterra, en ese orden. Cada uno tiene su historia, su momento amargo y su momento de felicidad. Pero de todos y cada uno guardo muy gratos recuerdos, los compañeros que tuve en esas selecciones siempre tuve muy buenas relaciones con todos. En nuestra época era divino jugar. Llegabas con un entusiasmo desmedido a la concentración. Te ibas en camión de León al DF, como los muchachos de Guadalajara se iban en autobús. No pretendíamos más que poder jugar y ganar. Nunca exigimos hotel cinco estrellas, ni vuelos charter; nunca hablábamos de premios, nunca hablábamos de nada. Queríamos jugar y defender a México. Si tu quieres locos, bohemios pero lo vivíamos muy intensamente y eso nos dejó muchas satisfacciones. Hasta la fecha nos da un gusto tremendo, aunque las comparaciones son odiosas, decir, ¡oye! mira todo lo que les pagan y están igual o peor que nosotros.
Nos decía el señor Manuel Seyde –periodista del diario Excélsior-, que en paz descanse, de no muy gratos recuerdos, los ratoncitos verdes. Así nos puso y me daba coraje, me daba mucho coraje. Quizás haya tenido razón, pero nunca pensó que con que nos defendíamos, ¿con qué?.
LS – ¿Cuáles son su momentos mas gratos y amargos de las cinco copas?
AC – Paradójicamente se dieron en Chile 1962. El mismo porque obtuvimos ahí el primer triunfo en un Mundial contra Checoslovaquia, que fue subcampeón del mundo. Ahí tengo un record personal. Creo que soy el portero que mas rápido le han metido un gol en mundiales, creo que me lo metieron a los 15 segundos. Y sin embargo ese marcador lo superamos y le ganamos, tres a uno, al que sería el subcampeón mundial. Nos tocó Brasil, España y Checoslovaquia. Brasil campeón, Checoslovaquia subcampeón y España, que ya sobre el tiempo, pasado el minuto 91, me hace el gol Peiró, en una descolgada que hizo Gento desde su área. Fuimos muy noblotes, fuimos muy inocentes; Raúl Cárdenas lo pudo haber jaloneado, Chucho del Muro también. Manda el centro Gento, le grito al Gallo Jáuregui que la dejara. En su desesperación trata de despejar y se la deja a Peiró en los pies y me fusiló casi en los límites del área chica. El mérito de ellos fue que desde su área vinieron acompañando la jugada. Ahí, en Chile, fui designado junto con Schoroif (arquero checoslovaco), como uno de los mejores porteros del mundial. Y, obvio, también de gratos recuerdos y no con amargura, fue cuando me despedí en Inglaterra 1966. Jugué contra Uruguay, jugué en Wembley, en una Copa del Mundo. Uruguay había sido campeón en épocas pasadas, y en ese partido me fui sin que me anotaran gol y dije: señor, gracias. Y me fui. Mis decisiones han sido muy drásticas, se acabó y se acabó. Hice lo que pude, puse mi máximo esfuerzo, punto, así. Entonces eran otras épocas y si Dios me diera la oportunidad de reencarnar, volvería a ser lo mismo, volvería ser el mismo portero, volvería a tener la misma ilusión de ir a mundiales, volvería a entregarme por mi causa y aunque me invitaran a jugar a donde fuera daría todo por México que fue el que me ayudo a ser alguien, que fue el que me brindó la oportunidad de defenderlo y de conocer el mundo.

